Amar no es mirarse el uno al otro sino mirar juntos en la misma dirección.
Antoine de Sant Exupéry (autor de El Principito)

martes, 8 de marzo de 2016

¿Qué tiene de educativo arreglar un jarrón roto?

Un periodista preguntó a una pareja mayor: "¿Cómo habéis hecho para permanecer juntos 65 años?"
A lo que la mujer respondió: "Porque venimos de una generación en la que nos enseñaron que si algo se rompe hay que arreglarlo, no tirarlo y reemplazarlo".

***
Mi hijo pequeño está en esa edad en la que entiendes que existan cuentos de tapas duras y otros de hojas de papel, pues si consigue coger uno de papel lo descuartiza en menos que canta un gallo.

Sí, está en la "edad destructora", la edad del "yo solo": la edad de las "rabietas". Terrible two´, lo llaman en inglés.

Tiene su parte preciosa, como todas las etapas de la vida. Es más autónomo, empieza a saber hablar, a expresar lo que siente.

Una tarde, después de su siesta, salimos un momento a la terraza para arreglar una planta que teníamos recién puesta.
Como es lógico, para él era mucho más emocionante subirse a la viga que separa el parterre del suelo; con tan mala suerte que tiró, sin querer, un jarrón rojo que había cerca.

Fuente: thinkstockphotos.es


Lo más fácil hubiera sido coger al peque, reñirlo por subirse donde no toca y recoger todos los pedacitos y al container. Y aquí se acaba la historia.

Pero, sin embargo, hice lo siguiente; sin pensar siquiera en el trasfondo que había detrás.

Recogí los trozos más grandes. Le dije que pidiera perdón, que aunque a veces se haga sin querer hay que disculparse.
Cogimos juntos el recogedor y la escoba y barrimos todos los trocitos.

Después preparamos la manualidad. Con un pegamento de esos fuertes le pedí que me ayudara a reparar el jarrón roto hasta que logramos encajar todo el puzzle. Pieza a pieza. Con mucha paciencia. Con cuidado. Dejando a ratos secar el pegamento para que no se nos volvieran a caer los trozos ya puestos.

El aprendizaje que hay detrás de una cosa tan insignificante es enorme:

Por un lado:
- Que las cosas se arreglan. Se les da una segunda (y 3ª, 4ª...) oportunidad.
- De los errores, se aprende. Ahora va con más cuidado cuando salimos fuera.
- Aprende a cuidar las cosas; porque en este caso el jarrón era un regalo y le manifesté mi pesar (haciendo un poco de teatro).

Pero por el lado más profundo; eduqué en:
- el perdón, aunque sea "sin querer"
- la paciencia, mientras arreglábamos pieza a pieza el destrozo
- la ilusión, por ver el jarrón arreglado y al cabo de unos días verlo, como nuevo, con unas flores
- el error, todos nos equivocamos (grietas, rotos) pero podemos volver a empezar (pegamento)

¿Y qué hacemos con los Terrible Two´?

Recientemente he podido hablar con una persona experta en el tema. Es psicóloga clínica, experta en educación infantil.

¿Ante las rabietas? Ignorar... y ¡kilos de paciencia!.
Cuanto menos "caso" prestemos al hecho, la intensidad y la durabilidad se irá reduciendo. Hay estudios sobre esto.

Fuente: psicoterapeutas.com

A veces es molesto si se producen en un lugar público (me ha pasado alguna vez y es incómodo).
Pero ante esta sociedad que "se molesta" porque le ha tocado tener niños en el mismo vagón o que mira mal a una madre que está tirando del brazo de un niño corriendo por la calle, hemos de empezarla a acostumbrar de que todos, absolutamente todos, hemos sido niños y nos tenemos que echar una mano en estas situaciones.

O bien dicen aquello de:

"Pobrecito"- seguido de una retahíla de cosas que deberías hacer por el niño. 
(De pobrecito nada) "Estoy educando"- esa debería ser nuestra respuesta. 

¿Y unos trucos caseros que me están funcionando en esta edad?
A través del juego:
- Jugar a la inversa; es decir, conseguir que haga algo diciéndole justo lo contrario.
Ejemplo: ¿no quiere seguir comiendo?
"No te comas esto que es para mí", "No abras la boca como un león, ¿eh?"

- Juego motivante; es decir, hacer de la actividad a realizar algo atractivo y divertido.
Por ejemplo, cantando juntos, poniendo música, etc.

Al final educar es eso, "ganar" (que no perder) tiempo con los hijos.