Amar no es mirarse el uno al otro sino mirar juntos en la misma dirección.
Antoine de Sant Exupéry (autor de El Principito)

domingo, 7 de febrero de 2016

Y tú, ¿sabes pedir?

En muchas ocasiones, en la vida, se dan situaciones complicadas: enfermedades, despidos y paro, problemas económicos, etc.

Es en esos momentos en los que uno se agarra a lo que puede; y como es lógico, los cristianos nos agarramos a Dios, en la oración en familia.

Por pedir no tenemos ningún problema. De hecho, solemos ser demasiado pedigüeños. Y, en ciertas ocasiones lo dejamos estar, porque aquello que pedimos no se nos concede o no se soluciona. Y nos cansamos. 

El problema no es que no pidamos, sino que no sabemos pedir bien.

Me explico.

Hace unos años, mi prima estaba embarazada de su tercer hijo. Ya en la gestación de las primeras semanas se le detectó al feto una cardiopatía congénita severa que lo convertía en un embarazo y parto de riesgo: una tetralogía de Fallot en toda regla (son cuatro anomalías que hacen que la sangre circule sin suficiente oxígeno por el cuerpo).



Los médicos fueron muy explícitos con mi prima y su marido: el niño tendría que ser operado de inmediato, nada más nacer. De lo contrario, sin cirugía, es muy probable que el niño muera.

Pasaron unas semanas cuando recibimos un mail de parte de los abuelos de la criatura en el que nos explicaban que iban a necesitar rezos para que todo fuera bien, especialmente para que los padres permanecieran fuertes ante lo que se les venía encima.
Enseguida los llamé para interesarme por mi prima y el bebé y darle todo nuestro apoyo.

La conversación con mi tía fue así:
Yo: - "Bueno, rezaré para que la operación vaya bien"
Mi tía: - "¿cómo que operación? ¡Hay que rezar para que nazca con la válvula que le falta!".

¿Os dáis cuenta?

Yo daba por hecho que el niño tendría que ser operado al nacer. ¡Qué poca fe!
Mi tía, en cambio, pedía el milagro. Se anticipaba a la operación para que de forma sobrenatural ese niño naciera mejor de lo que reflejaban los electrocardiogramas.

Y así fue. Ese niño, aunque fue bautizado a las pocas horas de nacer por petición expresa de los padres (no porque estuvieran faltos de fe, sino por otorgarle al niño la posibilidad de ser hijo de Dios cuanto antes), nació mejor de lo esperado. 
Tanto es así que no tuvo que ser operado de inmediato como auguraban los médicos, sino que pudo estar unos cuantos días tranquilo, en incubadora y bajo los cuidados de su madre, ganando peso y fuerza para soportar la delicada intervención.

Para mí fue una lección de fe. De saber pedir. De saber que nosotros solos nada podemos, pero con la intervención de María y Dios todo es posible.

¡Qué oportuno el evangelio de hoy de la pesca milagrosa! Cuando se pide con fe Dios concede; y de qué forma: "hicieron una redada de peces tan grande que reventaba la red. Hicieron señas a los socios de la otra barca, para que vinieran a echarles una mano. Se acercaron a ellos y llenaron las dos barcas, que casi se hundían". (S. Lucas 5, 1-11)

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