Amar no es mirarse el uno al otro sino mirar juntos en la misma dirección.
Antoine de Sant Exupéry (autor de El Principito)

domingo, 10 de enero de 2016

¡Qué chollo tenemos los católicos!

6 de enero, día de Reyes, nos pusimos en ruta para volver a casa.

Eso sí, con nuestra ya tradicional parada en Zaragoza, en el Pilar (post sobre el Pilar). Allí comemos, nos aireamos y ya de paso dejamos a la Virgen nuestro "saco de intenciones".

Pero esta vez, sin haberlo planeado, ha sido una parada distinta.
Desconocíamos que la Basílica del Pilar ha sido designada como templo jubilar por el arzobispo de Zaragoza; en consonancia con el Papa Francisco que ha especificado un "Año Santo Extraordinario de la Misericordia". (Aquí tienes la bula (o carta) que el Papa Francisco escribió para tal ocasión).

Y esto de un año santo o jubilar, ¿qué significa?

Tradicionalmente es un año de perdón y reconciliación: Pedir perdón a Dios (confesión) y perdonar y pedir perdón a los demás.

¡Qué gran regalo para las familias! 

Fuente: archisevilla.org

El perdón debe formar parte de la vida de familia, el cual puede darse de estas formas:

- El perdón en el matrimonio: Todos los matrimonios del mundo pasan por situaciones conflictivas que ponen a prueba su amor. Y por tanto, qué importante es pedir perdón, muchas veces aunque no tenga razón el otro.
Hay una regla de oro: no acostarse enfadados.

- El perdón de los padres a los hijos: ¡no pasa nada por equivocarse y pedir perdón! Con ello no estamos rebajándonos o perdiendo autoridad, ni mucho menos. Al revés, nos verán con otros ojos. Aprenderán que se puede meter la pata y que equivocarse es humano. Y más importante aún: que nos vean pasar por el confesionario y que salimos felices.

- El perdón de los hijos a los padres: desde bien pequeños es importante enseñarles a pedir perdón y de paso sellar el gesto con un beso. ¡qué monos son cuando los vemos a los pobres meter la pata y se dan cuenta que no han obrado bien!

- Perdonarse a uno mismo: Casi tan importante como perdonar a los demás. El pasado, pasado está. Dios perdona y olvida. ¡Hagamos lo mismo!: Pedir perdón y olvidar. Si no, no avanzamos.

- El perdón entre otros miembros de la familia: la familia extensa está integrada por suegros, cuñados, tíos, primos, sobrinos, abuelos, y un largo etcétera. En muchas ocasiones hay que convivir y no es fácil. Ahí es importante también el perdón: por un comentario desafortunado, una forma de hacer que incomoda al resto y tantas cosas. 

Y volviendo al tema del año santo, por si fuera poco, se puede ganar Indulgencia Plenaria. (Aquí tienes la explicación de qué es una Indulgencia Plenaria y los requisitos para poder recibirla).

Aunque el año jubilar es de gran envergadura para la Iglesia Católica por las gracias que se conceden, no debemos olvidar el "pack de ayudas" de siempre:

- ¿nos equivocamos? no pasa nada. ¡Dios lo perdona todo!. En el Sacramento de la Confesión (o del perdón) se sale nuevo para volver a empezar.

- ¿estamos agobiados o cansados? el mismo Dios nos dice que acudamos a él, a contarle todo cuanto nos preocupa. Y si pedimos con fe, y es para nuestro bien, él siempre nos lo concede. Y no sólo eso, podemos recibirle en la Eucaristía.

- ¡somos hijos de un Rey, del Rey de Reyes! ¡Hijos de Dios! Debemos ir con la cabeza bien alta y sentirnos orgullosos. Y por si fuera poco, tenemos una Madre, que nos cuida y nos protege.

¡Qué suerte tenemos! 

¡Realmente es un verdadero chollo!

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