Amar no es mirarse el uno al otro sino mirar juntos en la misma dirección.
Antoine de Sant Exupéry (autor de El Principito)

jueves, 10 de septiembre de 2015

Un cruce de miradas

Han sido dos días de gran celebración familiar: el 8 fue nuestro aniversario de boda y, al día siguiente, mi cumpleaños.


Aunque tarde, cómo no iba a escribir siendo "nuestro día". En el que se entremezclan todos los conceptos de este blog: nuestro noviazgo, nuestra boda, nuestro empezar a caminar juntos en un nuevo proyecto; un PROYECTO DE DOS. De dos, el día 8 de septiembre de 2006, y de dos y tres, el 8 de septiembre de 2015: nuestros 3 hijos han sido el colofón de estos 9 años.

¿Pero cuándo empieza la familia?
Leopoldo Abadía, autor del bestseller "La crisis ninja y otros misterios de la economía actual", nos impartió una conferencia interesantísima en el colegio de mis hijos sobre "36 cosas para que una familia funcione bien" (conferencia sobre otro de sus libros).
Recuerdo que indicó, más o menos con estas palabras, de un modo simpático, que la familia empieza cuando un chico y una chica "empiezan a tontear".

¿Muy pronto? En absoluto. Desde el momento en el que se despierta esa química entre un hombre y una mujer, y empieza a surgir un "cruce de miradas", es cuando el proyecto de familia empieza a hacer sus primeros pinitos.

En nuestro caso, nuestro proyecto de familia lo iniciamos en los Pirineos; sin saberlo.


Fuente: propia

Concretamente en este bar de carretera donde compramos unos bocatas para hacer una excursión con amigos. Claro que, en ese momento, poco imaginábamos que a fecha de hoy estaríamos casados.

El proyecto de familia se puede encontrar también en la letra de una canción; como nos pasó a nosotros, con la pegadiza "La vi correr" del grupo ochentero Tennessee.

"La vi correr,
llegaba tarde a clase.
No sé qué hacer
esto no hay quien lo aguante.
Estoy enamorado y muy pronto lo sabrás tú".

Esta melodía se convirtió en nuestra acompañante por los pasillos de la universidad (Sí, la que llegaba tarde era yo y, sí, mi marido quien me observaba, sin yo saber, desde la ventana de una de las aulas; mientras fumaba a toda prisa durante el descanso entre clases).

Sin saber cómo ni porqué, nos poníamos nerviosos ante la presencia del otro. Y procurábamos hacernos los encontradizos en la biblioteca (aunque la mayoría de las veces en el bar; todo sea dicho).

La etapa del enamoramiento es bestial; cómo a través de los sentidos de la vista y oído, esa persona, y no otra, nos atrae.

Y el proyecto fue cogiendo forma. La vida te va llevando por circunstancias diversas en las que la toma de decisiones es de vital importancia: acudir o no a una fiesta, ir a cenar con un grupo nuevo de amigos en el que "casualmente" está él... Y es en esos planes en los que esa chispa se va nivelando y convirtiendo en fuego lento; brasas que saben a conocimiento mutuo.

La etapa del noviazgo es preciosa. Pero si pudiera escoger, me quedaría con el instante en el que uno y otro nos explicamos nuestro cruce de miradas.
Entiendes entonces el proceder de la estrategia en todas sus formas; ayudada en parte por la intuición femenina que no suele fallar.

Pues sí amigos, es en el cruce de miradas cuando la familia empieza a vislumbrar un posible proyecto conjunto, una vida en común.

Conviene recordar esos momentos de vez en cuando. Y qué mejor momento que en nuestro aniversario.

Ese día es un planazo poner el vídeo de la boda, reojear el álbum de fotos con una buena cena y un par de copas. Impresiona ver cómo hay personas que ya no están y cómo en pocos años han llegado otras nuevas.

Los niños impactados de vernos tan cambiados. Y entonces el mayor de los tres formula la pregunta del millón.


Mi hijo mayor: -¿y cómo os conocisteis, papá y tú?
Nosotros: - Pues verás, hace ya algún tiempo, comprando unos bocatas, hubo un cruce de miradas...

2 comentarios: