Amar no es mirarse el uno al otro sino mirar juntos en la misma dirección.
Antoine de Sant Exupéry (autor de El Principito)

sábado, 9 de mayo de 2015

La caballerosidad debe ponerse de moda

Cada familia es un mundo. Ya lo decíamos en un post anterior (enlace)
El hogar es lo que cada familia construye en el interior de su casa, entre esas 4 paredes.
Se tiene que dar la intimidad en el hogar y me viene a la memoria aquello de "los trapos sucios se lavan en casa".



Pero ayer no fue así. Mi familia fue testigo directo de que a veces "los trapos sucios" salpican, sin querer, a las personas de alrededor.

Fue un caso de malos tratos.

En mi barrio, en mi edificio, en el mismo piso, justo enfrente de donde vivimos nosotros.
Estamos aún en estado de shock, pero orgullosos de cómo actuamos cada uno de los miembros de mi familia.
Mi marido fue quien abrió la puerta al oir el timbre sonando sin parar y gritos de una mujer y su hija en el rellano.
Mi hijo mayor ¡de tan sólo 7 años! entretuvo a la niña, haciéndola pasar al salón, aun sin entender nada.
Mientras yo intentaba que el labio de la mujer dejara de sangrar, mi marido y otra vecina trataron de acceder a la vivienda pues el hombre seguía dentro con un bebé de apenas unos meses. Finalmente abrió la puerta y consiguieron despistarlo para que pudieran coger al crío.

Mi casa se convirtió entonces en el lugar más seguro. Desde mi teléfono llamamos a la policía quienes actuaron con toda la profesionalidad del mundo. Se llevaron al hombre a comisaría, y la mujer e hijos volvieron a su casa aterrorizados.

A veces, aunque uno no quiera mezclarse con sucesos así, no puede hacer oídos sordos ante el grito de "socorro".

Este suceso nos ha hecho pensar. Parece que, cuando cosas así aparecen en los telediarios, estemos inmunizados ante el sufrimiento ajeno. Las imágenes ya no nos hacen taparnos los ojos pues nos hemos acostumbrado a verlas.

Sin embargo, cómo impacta el asunto cuando te salpica "in situ". Cuando te piden auxilio a ti, pues no hay nadie más y el miedo que desprenden sus caras es aterrador; cuando en cierto modo "conoces" a las personas involucradas en el follón pues te los cruzas diariamente en la escalera.

¿Se puede hacer algo ante casos así? La verdad es que más allá de lo que hicimos ya no podemos hacer nada. Queda fuera de nuestro alcance.

Por sacar el lado positivo del asunto, y sobretodo porque cada día nos ofrece la oportunidad de educar, no dejamos pasar la oportunidad de hablar con mi hijo mayor sobre lo sucedido. Tenía un cúmulo de preguntas lógicas en un niño curioso de 7 años que había sido testigo directo de lo acontecido.



Más allá de dramatizar y generarle miedo, sacamos a relucir esos valores que parece que escasean en la sociedad de hoy, especialmente la caballerosidad.

Parece algo del siglo XIX, pero se trata de ponerla de moda otra vez.
Ser caballeroso invita a la mujer a perder el miedo a ser femenina. No porque sea débil, sino porque es bien merecedora de ese trato de predilección. Desde luego no se trata tampoco de aprovecharse del hombre y que nos sirva.




La caballerosidad habla de respeto, cortesía, amabilidad...



2 comentarios:

  1. Pilar, hoy por primera vez he leido tu blog, que bien escribes. A partir de hoy te voy a seguir siempre, cuantas cosas se pueden aprender.

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    1. Roser, qué ilusión tu comentario. Cuánto anima recibir comentarios positivos..
      Gracias por seguirme!
      Besos

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